19 de noviembre de 2010

Acrobacias cosméticas

Por millares abordan el metro. Los pelos (medio lacios, medio chinos) mojados y la blusita mal planchada. Van tarde en la cotidiana carrera de llegar a la oficina. Sacrifican un famélico desayuno en casa por guajolotas y galletas de 3 x 10 pesos, intercambian el altar de su rutina de embellecimiento. Convierten cualquier vagón anaranjado en su tocador.



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Son la misma cosa


Con las manos oliendo a 4 tubos de diferentes microbuses, sacan parsimoniosamente sus cosmetiqueras como si fueran acróbatas de un arte que yo no entiendo. Y primero, con las mismas manos de la guajolota, el cambio y los 5 tubos (porque el metro cuenta como un tubo más) se disponen a untarse de la base: esta heroica pasta color carne o color canela encargada de ocultar las consecuencias de una vida tan ajetreada y llena de impurezas. Profano masaje de una cara llena de imperfecciones que -irónicamente- está llena de éstas por maquillarse en el metro todos los días.
"Sombra aquí, sombra acá"


Un alocado desfile de caras, rictus y gestos para cubrir cada grano, peca y arruga. La base, las chapitas (¿o se dice blush porque es más fasión aunque no haya nada fasión en pintarse la carita en el metro?) y luego las sombras. Desde mi cómoda posición de voyeur del cosmético las miro horrorizada de los coloridos tallones de párpados que una y otra vez se dan. Si mientras se pintan sus ojitos yo les contara de la vez que en la línea verde me tocó ver a uno de estos saltimbanquíes (de esos del vidrio astillado y las maromas por pena, asco y dinero) posó su espalda con heridas abiertas y con sangre en todos los tubos que se le atravezaron, tal vez se detendría... o tal vez no. Ish.



Al final, como si ignoraran la fragilidad del ojo y lo intempestivo del andar del metro, se depilan la ceja, se enchinan con un armatoste de metal o bien, con una aguja se separan las pestañas recién embarradas de rímel de hueso de mamey. Siento que me voy a desmayar si un día alguna se pica. Cuando me lo imagino y siento algo parecido a la nausea, alguna de ellas se perfuma sin piedad de mí.
Si, por favors

Siento estrés, horror, asco pero es una realidad que no puedo dejar de verlas. Además, están por todos lados a todas horas.


Me bajo del vagón francamente mareada por el olor baratón del angel face apócrifo y del perfume. Se me ha corrido el delineador. No me importa.


Angel Face apócrifo y chino

18 de noviembre de 2010

Definiciòn y queja



Hay unas zozobras de lo que uno cree que ya tiene y a la vez no puede tener. Cosa complicada que deviene del arte de dejar al otro pendiendo de un hilo esperanzado, creyendo que ya va a suceder...y sí y no simultàneamente.

Que mala costumbre esa de concretar cancelar porque en realidad tienes miedo del frente frío y gueva de salir de casa o te sientes fachoso, o quieres ver los Simpson o vas a ir mejor a una fiesta infantil.Peor aún la costumbre de ser deshonesto e ingenuo sin notar que las efímeras fábricas de pretextos no se inventaron ayer.


Wordreference.com dice que la zozobra es:

zozobra

  1. f. Acción y resultado de zozobrar:
    la tormenta causó la zozobra de la nave.
  2. Intranquilidad, inquietud, aflicción:
    siente una gran zozobra desde que se quedó en paro.
  3. Oposición y contraste de los vientos, que impiden la navegación.


Puta costumbre esta de oponer sus vientos a los míos, a los que el tránsito y la vida entera parecen ponerme enfrente para no llegar a salvo a la costa ni naufragar lastimosamente en el fondo del mar de la indecisiòn.

"A la mar fui por naranjas, cosa que la mar no tiene"

Ya me quejé suficiente y muy bien por mí... o no.