10 de abril de 2012

ATG



Se me olvida todo, como si fuera un topo cegado por la luz de una lámpara quirúrgica. 


Se me olvida la primera vez que me miraste con desdén, las vísceras aplastadas por tus groserías y tus reclamos por helados, dulces y caminatas y cosas padres y festivas de la vida. Se me olvidan tus ojos rojos, injurias perforando a través de tus lentes los míos. 


Me da amnesia cuando extraño tu olor, no tomo en cuenta que tienes una alquimia terrible que eres capaz de convertir versos en anatemas, tulipanes en cardos y besos en arcadas. Se me olvida el mal sabor de boca. Todo lo cubre un aroma a violeta, lavanda y manzanilla y me calmo y se me olvida. Se me olvida. Se me olvida.  Y te extraño y quiero huir de ti y te extraño y me adormezco.


Se me olvidan los escarnios y en inverosímiles imaginaciones los convierto en tardes de otoño en el parque contigo. Me acuerdo de la forma de tu mano y se me olvida cómo fue la primera vez que me la diste. Recuerdo tu voz de madrugada y olvido el silencio cómodo que había entre tu y yo. 


Se me olvidan mis detalles y recuerdo tus constantes falacias. Se me olvida el contraste de tus ojos con el sol, pero recuerdo tus gritos pues en sueños y en la vigilia te escucho. Nunca más quieres decir mi nombre y a mi se me borra el tuyo de la lengua y del área de broca. 


Si te olvido, si te dejo ir, si te traigo de vuelta, se me olvida. 
No me voy a acordar, te juro que no me voy a acordar. 


Amnesia Transitoria Global: 
Mejor tenerte en la cabeza que en el corazón