Cuando hablo de ti me siento como un sobreviviente.
Tú eres una fuerza de la naturaleza. Dar testimonio de ti es como compartir impresiones de la vez que estuve envuelta en un fenómeno climatológico poderoso, hermoso, brutal.
Pensarte es usar la tensión superficial de tus aguas, no dejar que me arrastren los escombros y mirar al cielo y mesurar entre mis dientes los pedazos de piel que quería conservar como pruebas de que exististe.
Explicar quién eres es llenarme la cara del naranja resplandor, peligroso, de ti que eres más volcán que mujer.
Extrañarte es extrañar refugiarme en el aire y andar en el carro contigo siendo azotadas por las monzónicas lluvias capitalinas de junio.
Honestamente, lo único que deseo es que en verano a tu lado se me mojen (y se me rompan) de nuevo los pies.
" Los volcanes se pueden encontrar en la Tierra así como en otros planetas y satélites..."
