14 de junio de 2012

26 horas púrpuras



Estela de espuma púrpura y el aroma de tu cabello que abandona definitivamente la cama con cada treinta minutos que transcurren.

Con tu voz y esas manos pequeñas acostumbradas a luchar -por instinto, por causas y por autoconservación- llegaste y me impactaste, cuando las aguas se calmaron me conmoviste, cuando comprendí te fuiste.

¿Quién puede amanecer un día tu sonrisa y no atesorarla? ¿Quién pudo acercarse a tu cuerpo y no construirle un altar?  ¿Quién compartió tus días y la temperatura debajo de tus piernas y te arrancó mucho más que un puñado de lágrimas?

Contabilicemos nuestros triunfos compartidos: tenemos pocas horas, no juntamos un día. Pero el día es de quién amanece en él. Yo no he amanecido en ti ni tú en mí.

Una vez desahuciada toda posibilidad, las estadísticas están de mi lado de que tal vez algún día ese lado sea nuestro lado.

Curaría tus heridas una y mil veces. Permitiría una y otra vez que colisionaras con mi mente como el asteroide absolutista que eres. En silencio voy a esperar a abrazarte otra vez. Callada, vestida de chacal hasta que termine la hora de las horas, tu hora de descansar.