
Estoy dejando de creer en la relevancia del tiempo. Soy de la idea de que debería trabajar cuando me sintiera en condiciones de hacerlo.
Anoche no pude irme a dormir a la hora que tenía proyectada y muy mal por mí pues con desesperación veo cómo mi reloj biológico nomás no termina de acostumbrarse a la vida laboral. Estudié la licenciatura entera en el turno de la tarde. Salía de clase a las 7 o a las 9 de la escuela y de ahí me iba con mis amiguitos a hanguear. Hubo semestres en los que el hangueo tenía sus imperativas cervezas de por medio. Llegaba mareada, chapeada y satisfecha a las 11:00 de la noche a casa y dormía como bebé en Dimetapp. Cabe destacar que amanecía de estupendo humor, avanzada la mañana y lista para atender mis clases.
Dimetapp y cerveza: buenísimos para caer dormido
Con mi vida laboral ya casi nunca estoy borracha, ya no me salen chapas y los fines de semana me despierto antes de las nueve a pesar de mis esfuerzos por hacerlo a las 11:00.En el Facebook veo quejas de los demás que sufren la pugna por el control de sus relojes biológicos. ¿Quién fué el pendejo que pensó que llevar a los niños a la escuela temprano era estupenda idea aunque les corten de tajo las valiosísimas horas que su cuerpo ocupa para crecer? ¿Quién se siente fabuloso a las 7:00 am en su clase de matemáticas? ¿Cuál de ustedes se siente inspiradoramente productivo después de sentarse dos horas en el tránsito matinal? Agh qué horror. Mi metabolismo me va a matar y si no, un episodio de narcolepsia mientras atraviezo los carriles de don Metrobus.
Esto es tan molesto como un bostezo interrumpida por el hipo. No sé cómo hacer para dormir a mis horas y ser fresca, productiva y chapeada otra vez. Tengo sueño y me hormiguean las manos. La última vez que cabecée, escuche como a lo lejos el cláxon del Metrobus... y cuando abrì los ojo estaba sentada en mi escritorio. Apenas eran las tres de la tarde.

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