Y es que he estado pensando en un momento de tremendo goce estético, de esos en los que uno hasta se siente mareado ante algo que consideramos la belleza misma posandose sobre nuestros sentidos y me vienen a la memoria varios pero aún así no encuentro uno para explicar mi experiencia del miércoles pasado.
Desde la segunda vez que escuché Funeral, primer disco de Arcade Fire, mismo que me regaló Jellyfichi en navidad del 2004 yo albergué la esperanza de escucharles en vivo, de ir a uno de sus shows. No fué posible hasta a penas hace una semana cuando la banda canadiense visitó por primera vez la ciudad y tocó en el Palacio de los deportes.
Y sí, reconozco que se puede juntar mucha euforia en 6 años, también imagino que uno se ha de crear una serie de expectativas que pueden rayar en lo alocado, pero no importa. En lo que a mi respecta Arcade Fire lo hizo increíble, valió cada centavo, cada disco, cada hora de espera.
Llegamos con muy buen tiempo al Palacio de los Deportes, encontramos un estacionamiento adecuado y cerca de la puerta, vimos camisetas y todo muy bien. Una vez dentro, nos reacomodaron y quedamos en una sección localizada de frente al escenario, sentaditas. De maravilla.
Abrieron con "Ready to start" el primer sencillo de The Suburbs y comenzó -en la sección conocida como pista- la voladera de chela primero y de pipí después.
Entonces podemos suponer un par de cosas. La gente de la pista está en posibilidades de pagar poco más de 1000 pesos para "disrfrutar" de un show, de un concierto que en teoría no durá más de tres horas tiene un estatus económico donde se podría creer que el acceso a la educación no es un problema. Arcade Fire no es una banda popular en el sentido de que no se puede apreciar en su totalidad si uno no habla inglés por lo menos.
¿Por qué esta gente que paga más de mil pesos por un boleto y que en teoría pudo haber tenido acceso a la educación compra cerveza de 60 pesos y la lanza por los aires? ¿Por qué orinan en un vaso y la avientan por ahí? Me imagino que no tiene que ver con el control de esfínteres pues su grado de dificultad ha de tener orinar en un vaso rodeado de gente que brinca.
Cosa más intrigante. He estado cuestionandome desde ese día si existe un momento en mi vida donde me haya sentido arrobada sobrepasando el derramamiento de lágrimas y llegando hasta el punto de sentir una tremenda urgencia de aventarle mi pipí a los demás nomás de la pura emoción. No lo encuentro. Soy ajena a esa imperiosa necesidad que ellos sí sintieron a lo largo de todo el concierto pero que se incrementaba cuando tocaban canciones que fueron sencillos.
Ahora, Arcade Fire es una banda canadiense muy orquestal, políticamente activa que dona parte de las entradas de sus tocadas a Haití incluso antes del terremoto pues la familia de Régine Cassange -mujer maravilla multi-instrumentos de la banda y esposa del lead singer Win Buttler- escapó de Haiti antes de que ella naciera... usan tirantes y ese tipo de cosas... vamos, no es metal, no es una banda para la so called raza, no se presta para el slam y ese tipo de manifestaciones... ¿por qué aventaban la pipí?

Es porque hay algo oscuro en su psique algo de eso que nos habla Octavio Paz en el Laberinto de la soledad. No es la escolaridad, no es el precio del boleto, ni el carro que manejan, ni su camisita burberry de cuello parado. Es su incapacidad absoluta de estar bien con el otro y su misterioso y primitivo afán de joder, es su máscara. Es su carga y la nuestra es la orina que corroerá las camisas de aquellos testigos de esa penosa lluvia dorada.




ay amor, me dieron ganas de reírme muchísimo cuando vi la imágen del librito, pero después me dió mucha tristeza lo que leí en tu conclusión...
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