Con una nitidez inquietante aún puedo oler los eucaliptos de Acatlán destilando algo mentolado en el aire tibio de marzo.
Salimos del cine y nos dirigíamos hacia un jardín. Mientras caminábamos me detenía de su mano dorada... ella pensaba que yo la tomaba de la mano por cariño o por apego, pero la verdad la utilizaba para detenerme porque marzo y su cabello y sus piernas y los eucaliptos y su piel eran demasiado para mí y juntos me hacían temblar.
Su enojo comenzó porque sonó mi teléfono y contesté. En ese momento arrancó violentamente su mano de la mía y caminaba furiosa 13 pasos delante de mí. Yo que atrapaba su nombre entre un suspiro, una nube y un estornudo y ella que se encabrona porque me hablan por teléfono. Pffff.
Me tomó varios minutos explicarle la llamada (como si las llamadas tuvieran que explicarse) y se encontentó a medias. Me tiré junto a ella en el pasto, repleto de alergias -quèmeimporta- y de la posible idea de pasar la tarde entera junto a ella. Y nos sumimos en un sopor que (de su parte) tendía hacia la indiferencia.
Entonces llegò volando un zanate y yo me quedé viendo cómo se comía los cachos de comida olvidados en el pasto. El zanate y su dieta equiparable a la de un estudiante veinteañero (cheetos, petroleras, tutsi pops,tacos de pollo, tortas al pastor, macarrones y manzanas): el zanate con acné y carnívoro y botanero acostumbrado a comer cosas con salsa valentina. Me divirtió la idea y de repente una piedra del tamaño del pájaro la interrumpiò.
Yo no volè despavorida tras el zanate porque no tengo alas. Ella seguía enojada por la llamada y aprovechó para lapidar al ave. Le pregunté que por qué había hecho eso. Atinó a contestar: "No quiero que veas a la urraca ni a nadie. Sólo a mi".
Fué la primera vez que alguien sintió celos por mi.
:)
El quiscal mexicano o zanate mexicano (Quiscalus mexicanus) es una especie de ave paseriforme de la familia Icteridae que vive en América.