14 de diciembre de 2012

Calcetín




Yo sé que es un calcetín, pero sé también, de la misma manera, que tiene voluntad. Espera los días de fiesta sobre mi cama.

Aparece cuando la ropa recién descolgada del closet y que voy a usar yace sobre el edredón, y espera ahí en lo que me baño.

Me baño pensando en él. Me baño esperando que no esté cuando vuelva... y rezo por que sí esté.
Mientras me pongo desodorante o me seco los oidos con un cotonete, lo miro de reojo y de espaldas. Y sé que él me mira a mí, aunque no tenga ojos, me mira, me asecha. 

El calcetín no tiene color definido, no tiene par. No recuerdo si alguna vez lo tuvo. No recuerdo cuando lo compré y no recuerdo cuánto tiempo tiene ahi.
El calcetín va conmigo de fiesta siempre. Invariablemente, las fiestas a las que me acompaña terminan en bacanales. Al día siguente no recuerdo más que obscuros flashasos de lo que sucedió. Sólo amanezco cruda, con sabor a colilla en la boca, en mi cuarto...mi ropa regada por ahí, un zapato aquí otro por allá...y él calcetín ya no está.

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