14 de diciembre de 2012

Calcetín




Yo sé que es un calcetín, pero sé también, de la misma manera, que tiene voluntad. Espera los días de fiesta sobre mi cama.

Aparece cuando la ropa recién descolgada del closet y que voy a usar yace sobre el edredón, y espera ahí en lo que me baño.

Me baño pensando en él. Me baño esperando que no esté cuando vuelva... y rezo por que sí esté.
Mientras me pongo desodorante o me seco los oidos con un cotonete, lo miro de reojo y de espaldas. Y sé que él me mira a mí, aunque no tenga ojos, me mira, me asecha. 

El calcetín no tiene color definido, no tiene par. No recuerdo si alguna vez lo tuvo. No recuerdo cuando lo compré y no recuerdo cuánto tiempo tiene ahi.
El calcetín va conmigo de fiesta siempre. Invariablemente, las fiestas a las que me acompaña terminan en bacanales. Al día siguente no recuerdo más que obscuros flashasos de lo que sucedió. Sólo amanezco cruda, con sabor a colilla en la boca, en mi cuarto...mi ropa regada por ahí, un zapato aquí otro por allá...y él calcetín ya no está.

26 de noviembre de 2012

Homemade Homenaje


Me acuerdo que me preguntaste por qué nunca me enamoré de ti y en realidad nunca te he podido contestar. Inmediatamente  me viene a la cabeza el día en que te vi caminando por la banqueta con tus camisas para planchar en la mano y casi caigo de la bici porque me crushée. Segundos después te reconocí detrás de tus lentes gigantes y me ruborizé.

En realidad si lo que  tú querías era romperme el corazón, convertirte en una mala costumbre y que te escribiera en momentos tormentosos es posible que lo hayas logrado, o bien, que no sea necesario.

Te voy a contar.

Eras flaca, alta, güerita y adolescente. A mí me daba gusto verte llegar con tu hermano porque sabía que aunque estuvieras 15 minutos íbamos a echar todo el desmadre que ese lapso tan corto permite y lo hacíamos. Siempre me caíste muy bien y asocio tu cara al bienestar que uno únicamente siente a los 17 sentado afuera de el 7 eleven.

Después pasaron suficientes años como para que cupiera una licenciatura.  Cosa más atípica encontrarte un lunes porque salí temprano del Radio. Yo nunca salgo temprano ni enfoco cosas en el metrobus... y a mí que no me gusta saludar a la gente -que hace mucho no veo- en la calle porque me saca de pedo que me pregunten "¿Cómo has estado? " (porque es difícil contestar, cuando pasa mucho tiempo los estados por los que he transitado son directamente proporcionales al tiempo que pasó) pues me dio tanto gusto verte que te saludé y tengo la certeza de que esa fue una de las decisiones más acertadas que he tomado.Y entonces las vidas comenzaron a correr en paralelo de manera equitativa. 

Has sido una cosa sólida en las cosas que lo requieren y en las que no. Frivolidades muy padres tuyas-mías-nuestras, lavar tus platos, ir al súper, cocinar un día, discutir de desodorantes, explicarte el amoniaco, beber mucho de noche, las piñatas (hay muchas piñatas entre tú y yo), que me hagas un té y un sandwich y seas dolorosamente franca cuando te cuento desde la punta de mi cerebelo las cosas tan cual las voy viendo. 

Te echo de menos muy cabrón. Muy en plan Chavela Vargas, extraño las simples cosas. Fumar en tu balcón espiando a los de los panes mientras tú trabajabas en tus compus, ir por helado (hay mucho helado entre tú y yo), ver la tele, sentir que nuestra vida joven-adulta es muy compleja, saber que estabas cuando había tráfico o melancolía o cuando tenía sed y que ahora no estés. 

No estás y estás por allá maximizándote. Yo te admiro muy cabrón porque todo lo que has hecho está teñido de una dulce bravura . Después de este octubre, como que todo lo puedes. Aquel que sobrevive a esas cantidades de zozobra podría ser dueño del mar, del mar. Y con ese mar en medio, celebro tu cumpleaños porque tu presencia en el mundo es un pretexto para tener un carnaval de esos que duran toda la vida.

Muchos años más para ti que eres mi amiga, mi brother, mi cómplice y por supuesto: mi charquito.

Charquito de pipí güerita <3 nbsp="nbsp">





Te quiero infinito y te veo en un mes para darte un homenaje esperando que este -que es pequeño- te llegue para hacerte sonreír.


1 de noviembre de 2012

Ofrenda de la memoria

Las cosas de mi infancia que están más fuertemente ancladas en mi cabeza tienen que ver en gran parte con mi abuela. Además del nombre y de un rictus que habita en mi frente, me heredó el cariño por las tradiciones. 

Mi abuela no tenía necesidad de muchas faenas sin embargo las hacía porque le parecía muy adecuado y porque tenía la certeza de que los demás lo harían mal. Era una mujer grande, voluntariosa y fuerte. Yo no me recuerdo a mí misma como una niña apacible, ni como una particularmente inquieta pero de lo que sí me acuerdo es que me encantaba caminar y lo sabía. Me salía con ella y su carrito del mandado al mercado a comprar la comida del día, en vacaciones sobretodo. 

La caminata se prolongaba por toda la avenida con sus respectivas paradas. Ibamos a la tiendita de Doña Jose, hangueábamos con Doña Alicia, cotorreábamos con Alfonsina que aparecía a menudo con claveles en la mano, le sonreíamos a Doña Magos (porque era muy fan)  y le preguntábamos por la salud de sus familiares a una señora que le decían "Bolita". Sin problemas, cada vez topábamos a 15 personas que se sabían el nombre de mi abuela y la saludaban. Luego me miraban con curiosidad y preguntaban de qué hija era hija yo.  Señor Juan, el carnicero, era el único que siempre parecía saber.

En mi memoria olfativa el mercado municipal tiene un gran lugar en donde están los estantes de mis primeros años. Pollos crudos colgados de cabeza, membrillos, ocote, hígado de res, charcos de carnicería, birria, perejil, ate de tejocote, aserrín en el piso, cacahuates, probaditas de mamey, de sandía y medias naranjas. 

El final de octubre y el inicio de noviembre encallado en mi nariz conectada con el corazón. Canela, calabazas, cempasúchil, cráneos de dulce, copal en los sahumerios, panes artesanales salpicados de ajonjolí, cañas de azúcar cortadas con machete, las primeras limas de la temporada. 

Luego, llevar todo a su casa con cocina grande para hacer en una cacerola de barro una cantidad majestuosa de calabaza para todos (vivos y muertos por igual). Era hermoso. El olor de piloncillo que se desbarataba ante horas de hervor permeando cada rincón de la casa por horas y para siempre, nuestros jóvenes corazones. 

Poníamos la ofrenda en la mesa de la cocina vestida con un mantel blanco y elegante. Poníamos las veladoras, una por cada papá de mis abuelos, una por el tío Toño que se fue temprano. 

A cierta hora, cuando ya estaba todo puesto, ante las flamas ambaradas, mi abuelo se levantaba de su sillón y del trinchador sacaba una botella de tequila y les servía serenamente dos o tres caballitos con Herradura Blanco, partía unos cubitos de queso cotija y dos limones que acomodaba en un platito. La ofrenda estaba completa ya.

Pensando en ello mientras caminaba -ésta vez- por el mercado de Medellín entre papas criollas y calaveritas de amaranto, entendí que la ofrenda se armaba puntualmente y con tanta devoción porque además de honrar a sus muertos les gustaba pensar que en su momento alguien les recordaría aunque no estuvieran. 

Yo los sigo recordando. 
El día 2, de este mundo al otro, se los quiero hacer  saber. 





Cada vez más veladoras



26 de julio de 2012

March case scenario

Me imaginé un escenario muy padre de una mañana sabatina de marzo (muy soleada). 


Despierto antes de las 9 de la mañana y te nefasteo ligeramente pero me las arreglo para hacerte reír antes de que logres abrir los ojos y enfocar mi cara socarrona. 


Tengo la imperante necesidad de usar havaianas todo el día y me oculto de ti en el baño mientras conversamos infructuosamente a gritos sobre Genoma Labs y David Chronenberg -como si fuéramos descendientes de italianos de aquellos que aparecen en comedias-. 

Me voy a esconder de ti en el baño porque me voy a estar cortando las uñas. De fondo escucharemos un tango.

6 de julio de 2012

La mosca sin alas



De madrugada me despierto y me pregunto ¿dónde está la maldad más pura si no en la ausencia? ¿Dónde está el olvido si no en tu boca que me muerde, que se calla, que destila lentamente las cosas que no deseas recibir de mí?

¿Qué va a ser de mí si tu sonrisa quedó metafísicamente conectada con mi cerebelo, y tus pestañas a la punta de mis dedos y tus ojos a mi voluntad? 

Me invade la impresión de que hay demonio minúsculo tras de mí. "También representaba el viento del suroeste, que traía las tormentas, y también el portador de la peste y las plagas, del delirio y de la fiebre". Cada noche tengo fiebre.

Tenía estas ideas de house francés, bares obscuros y hermosos con pequeñas luces de colores tenues, bebidas ácidas color verde y azul. Beats beats y beats. Llegar contigo de la mano. Besarte en cualquier momento. Tu y yo: una mezcla finísima de narcisismo y hedonismo. Cáduca. Improbable. Lejana cada vez.

Oníricamente te anclas a mi inconsciente y me confundo sin saber cuando despertar. Eres un sueño de la cual fui arrancada antes de topar el final. No sé cómo terminas. Eres un muffin lleno de clavos. Eres un regalo, del tipo de regalos que dejan un agujero en el estómago después de desenvolverlo. 

Voy a apilar todas las horas muertas y a rellenar con sus cadáveres los huecos de todas las cosas que no entiendo.


Voy a comprar un helado de yogurt. Voy a quedarme tan quieta como una mosca sin alas. Sin zumbar.



"yo oí el zumbido de una mosca cuando moría"
-Emily Dickinson

14 de junio de 2012

26 horas púrpuras



Estela de espuma púrpura y el aroma de tu cabello que abandona definitivamente la cama con cada treinta minutos que transcurren.

Con tu voz y esas manos pequeñas acostumbradas a luchar -por instinto, por causas y por autoconservación- llegaste y me impactaste, cuando las aguas se calmaron me conmoviste, cuando comprendí te fuiste.

¿Quién puede amanecer un día tu sonrisa y no atesorarla? ¿Quién pudo acercarse a tu cuerpo y no construirle un altar?  ¿Quién compartió tus días y la temperatura debajo de tus piernas y te arrancó mucho más que un puñado de lágrimas?

Contabilicemos nuestros triunfos compartidos: tenemos pocas horas, no juntamos un día. Pero el día es de quién amanece en él. Yo no he amanecido en ti ni tú en mí.

Una vez desahuciada toda posibilidad, las estadísticas están de mi lado de que tal vez algún día ese lado sea nuestro lado.

Curaría tus heridas una y mil veces. Permitiría una y otra vez que colisionaras con mi mente como el asteroide absolutista que eres. En silencio voy a esperar a abrazarte otra vez. Callada, vestida de chacal hasta que termine la hora de las horas, tu hora de descansar.




16 de mayo de 2012

Luto de ti + Funeral not

Ahora que llueve y estoy en el lugar más inverosímil para publicar ésto (un salón de belleza en Zona Rosa) y recuerdo lo rota del corazón que estaba la última vez que escribí para ti... 
comprendo que la muerte -de las relaciones- es un proceso verdaderamente ridículo y progresivo. Es por eso que este par de textos van de la mano. Porque lo que se pudo perder se perdió y lo que no está por verse y en esta noche se me antoja que carece de importancia alguna.






Luto de ti
(Requiem de lo inconcluso y el silencio)


Creo que cuatro meses han pasado desde que te fuiste. El polvo residual de lo que se nos rompió cayò como una cáustica pátina encima de mi corazón.

En alocadas pesadillas te me apareces montada en un caballo gris para restregarme tu ausencia y tus motivos en la cara. Me despiertas de madrugada y siento un hueco helado -con la forma de un puño- que me roba lo cálido de tu recuerdo, de unos miércoles, de varios tragos, de nuestras incontables platicas de carro.

A la distancia metafísica espero una señal de vida, una llamada con noticias tuyas y una explicación fantástica que nos pone para siempre a salvo de lo pasado y de la peor de las tragedias de nuestro microcosmos.

Conforme pasan los días noto que me condenaste a un silencio a prueba de necios que ni el inconsciente mismo puede atravesar. En esta negra quietud que me impones, exorciso las ideas teñidas de jamáses, de que jamás vuelvas y de que si vuelves te guarde rencor por las cosas que te haz llevado.

¿Alguien te pudo explicar alguna vez lo mucho que me dueles? Eras un consuelo absoluto y ahora es un nudo en la garganta que me espina cuando siento deseos de hablarte y un dolor detrás del ojo derecho que me da cada vez que te extraño.

El ocaso aparece frente a mis ojos y no sé si vuelvan a posarse confiadamente sobre los tuyos otra vez. No tengo un vestido negro y no siento deseos de comprar una corona. No sè ni siquiera si ya es tiempo de asistir nuestro funeral.






Funeral Not
(monólogos de mi inconsciente)


Es que ésta vez no hubo desasosiego ni culpabilidad cuando desperté. Soñé contigo una noche antes de tu cumpleaños y por primera vez desde la ruptura, el sueño no fué terrible.


Era la víspera del año nuevo. Lo sé porque Sara y Melo andaban por ahí, muy bien vestidas y porque había un señor que me ofrecía langostas a precios de risa loca.


Estábamos en una fiesta en tu casa onerosa de molduras de hierro, placas gruesas de vidrio esmerilado y ladrillos anaranjados. Había luz y siluetas. Yo buscaba un baño y lo encontraba pero la cerradura no servía.


Luego buscaba a Melo y la topaba. Luego buscaba a Sara, hasta encontrarla, para irnos de ahí porque ya iba a ser año nuevo con langostas.


Te veía con ella, siendo anfitrionas de la fiesta y me despedía serenamente.


Partía con Sara y para salir del jardín de tu casa tenía que atravesar una especie de canal de irrigación.
Estaba sucio y frío. El agua era negra y espesa como un picadillo de carne negra. Yo tenía que salir de ahí y salí. Me molestó más lo helado del agua que la mugre en sí.


Es tiempo de perdonarte en vigilia o en sueños porque nunca junté cojones ni corazón para asistir a nuestro propio funeral y por que te extraño y por que una parte de la vida misma eres tú. 


Ahora la de los cojones tendrás que ser tú que yo me los he gastado exigiéndole tercamente al vacío que te devuelva junto a mí.




Si sacamos un vestido negro. 
Si sacamos dos vestidos negros. 
Si sacamos tres vestidos negros. 
Yo no me pondré velo. 
Yo sí te puedo mirar a los ojos.



10 de abril de 2012

ATG



Se me olvida todo, como si fuera un topo cegado por la luz de una lámpara quirúrgica. 


Se me olvida la primera vez que me miraste con desdén, las vísceras aplastadas por tus groserías y tus reclamos por helados, dulces y caminatas y cosas padres y festivas de la vida. Se me olvidan tus ojos rojos, injurias perforando a través de tus lentes los míos. 


Me da amnesia cuando extraño tu olor, no tomo en cuenta que tienes una alquimia terrible que eres capaz de convertir versos en anatemas, tulipanes en cardos y besos en arcadas. Se me olvida el mal sabor de boca. Todo lo cubre un aroma a violeta, lavanda y manzanilla y me calmo y se me olvida. Se me olvida. Se me olvida.  Y te extraño y quiero huir de ti y te extraño y me adormezco.


Se me olvidan los escarnios y en inverosímiles imaginaciones los convierto en tardes de otoño en el parque contigo. Me acuerdo de la forma de tu mano y se me olvida cómo fue la primera vez que me la diste. Recuerdo tu voz de madrugada y olvido el silencio cómodo que había entre tu y yo. 


Se me olvidan mis detalles y recuerdo tus constantes falacias. Se me olvida el contraste de tus ojos con el sol, pero recuerdo tus gritos pues en sueños y en la vigilia te escucho. Nunca más quieres decir mi nombre y a mi se me borra el tuyo de la lengua y del área de broca. 


Si te olvido, si te dejo ir, si te traigo de vuelta, se me olvida. 
No me voy a acordar, te juro que no me voy a acordar. 


Amnesia Transitoria Global: 
Mejor tenerte en la cabeza que en el corazón